Una de las biblias de GutenbergLo encontramos en Estrasburgo hasta 1444; pero regresa a Maguncia para solicitar dinero a los prestamistas. Su petición venía avalada por el prestigio que había alcanzado como impresor. Johann Fust le presta 800 florines, una importante suma en la época. Dos años más tarde, con motivo de un nuevo préstamo, se asocia con Gutenberg. El negocio montado por ambos se llamaba "Das Werk der Bücher", (La Empresa de los Libros ), y constituyó, de hecho, la primera imprenta tipográfica en sentido moderno. El deseo de perfección de Gutenberg y la prisa de Fust por obtener beneficios fueron pronto objeto de desavenencias, que resultaron irreconciliables tras la publicación de la Biblia de «de 42 líneas», primera obra maestra de este nuevo método de trabajo. La fecha: 1455, la tirada: 120 ejemplares en papel y 20 más en pergamino y el éxito obtenido, notable, una auténtica revolución... pero no suficiente para Fust, que denuncia a su socio por incumplimiento de sus compromisos. Gutenberg pierde el proceso judicial y se ve obligado a pagar una cuantiosa multa a su socio que le hizo perder cuantos bienes tenía; incluso el taller de imprenta.

Prensa empleada por GutenbergNo está claro si Fust obró de buena fe en el proceso: el principal testigo de la acusación, cuyas declaraciones fueron decisivas para la naturaleza de la sentencia, Peter Schöffer, se asocia con el propietario Fust una vez concluido el juicio y contrae matrimonio con una de las hijas del financiero. Los nuevos amos de la imprenta publicaron, en 1457, el Mainzer Psalterium, primer libro que lleva impreso el nombre del editor, hecho que contrasta con el secretismo con el que se condujo Gutenberg en algún momento de su tarea.

La vida de Gutenberg tras perder su pleito con Fust, pasa por momentos difíciles: la ruina económica le lleva a tener nuevos problemas con otros acreedores. Asolado se refugia en la comunidad de religiosos de la fundación de San Víctor. Recupera su oficio de impresor gracias a la ayuda de Konrad Humery, que le proporcionó material para montar un pequeño taller tipográfico en el que es posible que imprimiese algunos pequeños trabajos que, a partir de 1465, le devolvieron cierta estabilidad económica. El mecenazgo del arzobispo elector de Maguncia, Adolfo de Nassau, contribuyó sin duda a ello.

Fallece en 1467. Antes, pudo comprobar el éxito y la difusión de la que gozó su invento: a su muerte -al menos- existían talleres de imprenta en al menos ocho ciudades importantes. En los años siguientes la imprenta fue conocida prácticamente en toda Europa (a España llega en 1473 traída por alemanes).

© María Luisa Saura, 2006